miércoles

Una sola vez en la vida...

Me deshice de su agarre y corrí a la habitación de Alex. Entré y lo vi en la cama, inmóvil.
- No puede ser verdad - dije llorando -. Despierta, Alex, por favor. Hazlo por mi. No me dejes sola, no nos dejes solos. Tienes que conocer a tus hijos - dije entre sollozos -. Son lo que siempre hemos soñado ¿Recuerdas los planes que teníamos? ¿Todo lo que querías para nosotros?- dije agarrando su mano -. Por favor, ¡vuelve a mi!
Me quedé junto a él todo el día, llorando, susurrando promesas a todos los dioses que conocía, rogando que volviese hasta que me quedé dormida.
A la mañana siguiente me despertó mi madre diciéndome que fuéramos a dar un paseo. Por su rostro, pálido y triste, sabía que se había enterado de la noticia.
- Sabes lo que tienes que hacer - dijo mientras paseábamos por el jardín del hospital de A Coruña.
- No puedo hacerlo ¿Y si despierta? ¿Y si después de un tiempo....?
- Sabes que no pasara. Se que es duro, cariño - dijo acariciándome la mejilla.
- No puedo, es el amor de mi vida, el padre de mis hijos, mi primer amor, mi amor eterno. ¿Cómo voy a vivir sin él? ¿Cómo voy a vivir sabiendo que lo maté? ¿Cómo se lo diré a mis hijos?- sollocé.
- Sé que será como arrancarte el corazón del pecho - dijo mientras se le saltaban las lágrimas -. Pero no lo matas, lo dejas ir. Conoces a Alex, él era...
- «Es»- interrumpí.
- Era tan vital, nunca estaba quieto. Jamás elegiría esto. Te aseguro que dolerá como si estuvieras en el infierno, pero, con el tiempo, encontrarás otro amor que, aunque no sane la herida, que no lo hará, hará que duela un poco menos.
- No será como Alex.
- No será como Alex, nadie ocupará su lugar nunca. Pero no existe solo un amor de toda la vida para nadie. Lo amarás como lo amas a él y los recuerdos que tienes con Alex permanecerán en tu corazón como una bonita historia que no pudo ser, pero que fue real. Y cuando pase eso, volverás a sonreir.
- Dijiste que nunca parará de doler.
- Sí, es cierto. Pero llegará el momento en que recuerdes Alex sin que se te parta el corazón. Te volverás a enamorar, porque una vez en la vida, no es suficiente.
Sin darme cuenta estábamos otra vez en el hospital.
- ¿Crees que sabrá que yo lo desconecté? ¿Que se irá odiándome?- susurré.
- Te lo dije, cariño. Lo estás soltando, lo dejas descansar. Y Alex jamás podría odiarte.
Fernando se acercó a nosotras con el ceño fruncido y yo le miré.
- Solo déjame despedirme.
Él asintió y me dejó pasar.
Entré en la habitación y me quedé mirando su cara durante unos minutos, grabándolo en mi memoria.
Me arrodillé junto a él y tomé su mano.
- ¿Por qué tuvo que pasar esto? ¿Por qué lo nuestro no pudo ser? ¿Qué va a pasar con los sueños que teníamos?
Como era de esperar, no recibí respuesta.
- Te amo, Alex. Lo haré siempre. Perdóname.
Salí de la habitación y llamé a Fernando.
- ¿Quieres salir?
- Quiero estar con él hasta el último momento.
Fernando asintió y volví a agarrar la mano de Alex hasta que la máquina dejó de funcionar.
Era viuda. Era viuda y no podía llorar. Se me partía el alma y no podía llorar.

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