Me levanté y besé a Fernando en la mejilla. Él me había apoyado tanto cuando Alex murió y con los bebés, que acabé enamorándome de él.
- ¿Por qué nunca intentase suplantar a Alex?- pregunté- ¿por qué no me hechas de jamás en cara las fotos que guardo en el cajón, la foto que tengo siempre bajo la almohada; las noches en vela por años?
- Porque jamás lo habría conseguido - dijo abrazándome - Porque se que lo amaste de verdad y se que si no amarás a mí también no me dejarías ver tu dolor, compartirlo, ni estar cerca de tus hijos. ¿Cuándo les dirás a los niños que yo no soy su padre?
- No lo sé. Pero no es el momento. No quiero que sufran. No quiero sufrir yo... Creo que es mejor esperar un poco más, ellos merecen un padre que pueda estar ahí... Que pueda cuidarlos, ¿verdad?. ¿Hice lo correcto?
- Han pasado quince años, merecen saberlo, Alex merece que lo sepan. Y tu necesitas dejarlo ir, soltar este secreto. Pero no voy a ser yo el que te obligue. Aunque tu madre cree que si.
- Lo sé - dije abrazándolo -, solo necesito más tiempo.
En ese momento entró Alexa en la habitación.
La chica era la viva imagen de su padre, tanto física como emocionalmente. Tanto que me dolía mirarla.
- ¡Mamá!- dijo tirando de mi hasta su habitación.
- ¿Sí?
- ¿Quién fue tu primer amor? ¿Cómo os conocisteis?
Cogí aire y una lágrima resbaló por mi mejilla y, sin decir nada, Fernando sale de la habitación.
- Javier, ven aquí.
Cuando los dos estuvieron junto a mí, los acurruqué contra mí como había hecho cuando eran niños y empecé a contarles la historia de mi primer amor, la historia de su padre.
FIN
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